Con este agradable viaje al sur de la provincia de Salamanca, terminaban para el presente curso 2008-2009 las actividades del Círculo Salmantino, Asociación Charra en Madrid.



Merced los buenos oficios de nuestra guía, Rosa Jiménez Chapinal –desde estas líneas nuestra gratitud- conseguimos reunirnos algo más de setenta participantes entre socios, familiares y simpatizantes de la tierra salmantina.



También es de reconocer y agradecer, la amabilidad con que nos recibieron la familia Sánchez de la Peña: Luis y Maribel, junto con su hijo Carlos, cuando nos abrieron de par en par el castillo de su propiedad en Puente del Congosto, a orillas del río Tormes.



Igualmente a nuestro socio y amigo, Amalio Tercero quien junto con su esposa Carmen, nos agasajaron a los postres de la cena con distintas frutas recogidas en su cercana huerta; detalle que agradecimos como en anterior ocasión.



Tal y como se había previsto, con la puntualidad propia que nos caracteriza de otros viajes o excursiones, partimos de la Plaza de España, en Madrid, a las nueve de la mañana del sábado día 27. Nada más pasar Ávila, un alto para el café, y después por Pidrahíta tomamos rumbo hacia el extremo sur-oriental de la provincia de Salamanca, en su límite con Cáceres, llegando a Béjar poco antes del mediodía.




De esta forma, y una vez alojados en el céntrico Hotel Colón, antes del almuerzo, tuvimos oportunidad de girar visita turística por la villa que es capitalidad de comarca y cabeza de partido judicial; atravesada por el río Cuerpo de Hombre, cuyas aguas nutrieron a sus lavaderos de lana y producción de tintes para obtener los paños que dieron mucha fama a esta villa cuyo lema Vigerrensis Apis Artificiosa viene representado en su escudo municipal por cinco abejas, en honor a los trabajadores paisanos bejaranos.



Así tuvimos ocasión de visitar el Palacio Ducal, construido por los Zuñigas sobre un antiguo castillo medieval, siglo XVI, en la misma Plaza Mayor. Frente a su Ayuntamiento el templo de San Salvador, siglos XIII y XVI. Regresamos al hotel para celebrar un animado ágape bien consistente: judías de primero, y bacalao como segundo plato, regado con un buen vino extremeño, y dulces propios de la zona como postre. Lo cual, evidentemente, requería un posterior descanso.



Antes de las seis de la tarde, del citado sábado día 27 de junio, empezaron a congregarse en la recepción del hotel toda una serie de personajes –socios, familia y amistades- con el porte propio de la época del castillo medieval a visitar: reyes, princesas, damas de compañía, cortesanos, militares cruzados; o más sencillo y atractivo como eran también, los mesoneros y taberneras de aquel tiempo histórico en nuestro país.



Con el mismo autobús de Madrid, llegamos hasta Puente del Congosto; a pie atravesamos el antiguo puente, cruzando una breve parte del pueblo y así, acompañados por los sones del tamborilero Manuel Pérez Domínguez (Vilvestre de la Ribera, Salamanca) llegar juntos hasta las puertas del castillo donde nos recibieron los propietarios del mismo antes citados. En el patio de armas, los dulzaineros de Macotera (Salamanca) amenizaron la entrada de invitados con la música propia de nuestro variado folclore castellano-leonés.



Una refrescante sangría, servida por los voluntarios que nos apuntamos al reparto, vino bien para reponernos de tan corto viaje. El tema era celebrar esta nueva oportunidad de volvernos a encontrar, un año más, todos juntos.




A continuación, cumplimos la amable invitación del párroco en la cercana iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción. Asistimos a Misa de siete de la tarde, junto con los demás vecinos del pueblo. Fue muy emotivo el saludo que nos dedicaron en este templo, gótico, construido en el siglo XVI, así como el desarrollo del acto litúrgico acompañado por los músicos componentes del grupo Adobe, pues así se llaman artísticamente los dulzaineros de Macotera.



Regresamos de nuevo al castillo, donde los asistentes pudieron visitar sus diferentes estancias, salas, dependencias, de lo que posiblemente será un futuro museo etnográfico junto a la antigua Vía de la Plata. Una restauración constante, durante más de treinta años, ha consolidado esta fortaleza edificada en el siglo XVI por los señores Dávila de Cespedosa; junto al puente sobre el río Tormes, del mismo siglo, compuesto por trece arcos de medio punto, con tamajares contra la corriente; servía para controlar el paso de ganado desde Ávila a Ciudad Rodrigo.



Independientemente de la visita interior, en el patio de armas seguían los músicos amenizando la velada. Entre todos se fueron preparando las mesas, hasta que llegó la carne de cordero asada en el horno de la tahona del pueblo; este manjar se regó bien con caldos del Abadengo, además de dar buena cuenta previamente a las naturales ensaladas y buenas tortillas de patata preparadas en la misma panadería. De postre, las frutas que llegaron desde Candeleda (Ávila), albaricoques, cerezas y ciruelas, más el punto final de una perronilla salmantina y un chupito de limoncillo. Por supuesto, quien quiso repetir tan soberbio menú lo hizo con creces.



Después, el baile –amenizado tanto por los dulzaineros, como por el tamborilero de Vilvestre- nos hicieron disfrutar y participar a todos los asistentes hasta bien entrada la madrugada.



El domingo, día 28 de junio, descansados y con un reparador desayuno, salimos de Béjar hacia su parte serrana, por donde llegamos hasta el Santuario del Castañar, siglo XVIII, centro espiritual de la comarca. Además de los propios castaños entre el natural olor de su fragancia, admiramos otras especies como tilos, pinos, robles… Tras la visita al templo de la Virgen, nos acercamos en grato paseo hasta la cercana Plaza de Toros, que dicen es la más antigua del mundo, según documento existente de 1667; llama nuestra atención dos tendidos originales históricos, toda vez que están labrados en la propia piedra de la montaña; restaurada con mucho acierto en 1962 fue reinaugurada en 1996.



Desde aquí, con el autocar llegamos hasta Candelario; típico y encantador pueblo serrano a 1126 m de altitud, a cuyo Concejo otorgó la Reina Cristina, por mediación de su ministro Alberto Aguilera, en 1894 el título de Villa. Entre sus calles empinadas, la historia no habla cómo pasó de un pueblo pastoril y campesino, a ser manufacturero gracias a la aparición de la industria chacinera. A la entrada de casi todas sus viviendas, una singular batipuerta evita la entrada de nieve en las casas; dicen que también servía para que entrara la luz con tal de trabajar y evitaba el intrusismo de animales a la caza de viandas. Interesante igualmente su Parroquia de la Virgen de la Asunción, siglo XIV, con una diferencia de estilos arquitectónicos: mudéjar, barroco, románico y gótico, que hacen muy atractiva la más inesperada visita.



Regresamos al Hotel Colón, para celebrar el último almuerzo en Béjar. La caldereta bejarana fue muy bien aceptada por la concurrencia, sin obviar una ensalada mixta que nos recordó sabores de auténticos tomates y lechugas huertanas, digo yo del lugar. Tras el placer del café, licores, algún puro o cigarrillos de tabaco a posteriori, nos dirigimos hacia La Covatilla, a unos 2000 m en plena serranía, para conocer de primera mano el camino decidido en Béjar hacia el turismo de invierno; una de las estaciones con cotas más altas, de las veintinueve existentes en España, solo superada por Sierra Nevada y Boí Taüll (Pirineo de Lérida)




De retorno a casa, regresando a la Villa y Corte, por gentileza de Viajes Halcón se celebró el sorteo de un viaje de fin de semana a Canarias. Detalle éste también muy aplaudido, toda vez que la persona agraciada resultó ser era la primera vez en realizar una excursión con el Círculo Salmantino Asociación Charra en Madrid. Nos alegramos. Terminó el viaje –en buena hora, y en el mismo lugar donde empezamos- con gran contento de sus participantes.



Felicidades pues a todos, y hasta una próxima oportunidad



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